MUSEO PROVINCIAL          Lugo  2003

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A esquina de Quilmas 2000-2003

Técnica mixta

Medidas 470x190x200

 

     
 

IDEAS A PALO SECO

X. Ron

 

“El espectador busca disipación, el arte reclama recogimiento”

   Bertolt Brecht.

 

La obra de Álvaro de la Vega se ha ido configurando en los últimos diez años como una indagación sorprendente lúcida sobre la representación de la realidad, sobre la naturaleza de la obra de arte en un momento histórico de no retorno.

Hablamos de una obra que se empapa de la vivencia del mundo actual y que se vale de un lenguaje original y profundamente contemporánea manteniendo intacta la capacidad de decir lo que tiene que decir sin enchufarse a una línea telefónica de alta velocidad, ni utilizar otro tipo de interfaz que no sea la mano y el hacha para comunicarse con efectividad con los espectadores de hoy en día.

Que no nos confunda la fuerza expresiva de los materiales o la poderosa presencia de las figuras, que no nos seduzca el sentimiento trágico que transmiten sus heridas abiertas en la piel o el misterio de sus rostros impasibles.

Es hora de reivindicar al artista por la potencialidad de su pensamiento, por su capacidad para reflexionar lúcidamente desde la contundencia expresiva que posee un golpe de hacha, por su habilidad para concretar en formas reconocibles (manos, figuras, torsos) las ideas más abstractas ( verticalidad, tensión, líneas, planos). Porque su obra no es sólo un estallido expresivo. Es también un impulso intelectual. Pero táctil. Porque más allá del objeto que compramos, almacenamos o exhibimos sin pudor está la posibilidad de dar forma al conocimiento.

Podemos pasar delante de una escultura y pasar de largo. pero también podemos pararnos a mirar.

Mirar de verdad, con todo el cuerpo y no sólo posando lo ojos a la espera de un reflejo. Mirar queriendo entender. Ésta es la actitud del espectador que reclama una obra épica. Épica en el sentido que le daba Bertolt Brecht a su teatro. La única capaz de tratar lo real con garantías porque se mantiene permanentemente consciente de ser sólo arte, a través del recurso del alejamiento, o interrupción o distanciamiento, que impide el ilusionismo, la identificación ciega, el hipnotismo.

En el caso de Álvaro de la Vega estos elementos-faro que avisan a los espectadores-navegantes de la cruda realidad que tiene delante están presentes por todas partes: la falta de acabado de las piezas, la visibilidad de los procesos de construcción (hendiduras, ensamblajes, tensores, colas de milano) en las piezas expuestas, las líneas discontinuas pintadas sobre las figuras (Itinerario provisional), las figuras pintadas de negro que forman un ángulo recto dentro de un grupo más amplio de torsos brancos (Retablo I ), las dos figuras que miran de frente dentro de un grupo que está espaldas (Retablo II ), todos son elementos de extrañamiento que deberían desviar la atención del espectador hacia un cuestionamiento técnico o filosófico.

Precisamente asuntos como la contemplación, la percepción o el lugar (la mirada) que ocupa el espectador constituyen uno de los ejes de la obra de Álvaro de la Vega. Algo que evidencian todas esas figuras que miran hacia las paredes (Bifurcación), no se sabe si para dar la espalda al espectador (negándolo, discriminándolo) o porque realmente miran algo en el plano de la pared (desafiando la propia superficie plana desde su tridimensionalidad). Incluso cuando miran algo tan tangible como esos dibujos hechos con alambre Optimismo intercambiable), no dejan de estar usurpando el lugar que le correspondería al espectador para descolocarlo en su habitual pasividad contemplativa, invitándolo a mirarse a si mismo.

Son obras que además establecen un diálogo fructífero entre la escultura y la pintura, entre lo plano y el volumen, entre el espacio y la luz, como esa figura que posa sin cabeza porque el retratista la traspasó literalmente al plano de dibujo (Pose I ). O simplemente afirman que el espacio es un concepto puramente humano, como parecen sugerir todos esos amontonamientos de cuerpos que ocupan grada y esquinas levantándose en formas piramidales (Esquina de Quilmas).

Una obra que está al alcance de nuestras manos, pero que se extiende en la distancia que separa la vista de los ojos.

 

Compostela, abril 2003.